A medida que la administración de Barack Obama lucha por enfrentar al Estado Islámico (EI) y a los resurgidos talibanes, todo indica que un viejo enemigo está reapareciendo en Afganistán. Campos de entrenamiento de Al Qaeda están surgiendo como hongos allá, obligando al Pentágono y a dependencias de inteligencia estadounidenses a evaluar si constituyen en lo inmediato un campo fértil para ataques contra objetivos occidentales.
La magnitud de la letal resistencia y adaptabilidad de Al Qaeda en Afganistán tomó por sorpresa a oficiales estadounidenses y afganos. Hasta hace poco, los esfuerzos se habían concentrado en capturar a los últimos dirigentes de alto nivel de Al Qaeda ocultos a lo largo de la rugosa frontera montañosa de Afganistán con Pakistán. Pero hay mucho más detrás de eso.
Cuando menos en público, los funcionarios de Obama ha dicho poco con respecto al nuevo desafío o a su estrategia para enfrentar la amenaza de Al Qaeda. Estados Unidos está empeñado en ayudar al Gobierno afgano a enfrentar lo que se ha juzgado la amenaza más inminente: el repunte de los ataques violentos de los talibanes, la red Haqqani y un nuevo retoño del EI.
Pero los militares han sido más francos, particularmente aquellos que estuvieron en las líneas del frente de la batalla original por destruir la dirigencia central de Al Qaeda. “Me preocupa el resurgimiento de Al Qaeda en Afganistán debido a cuál encabeza su lista de objetivos… nosotros”, dijo Michael Morell, el subdirector de la CIA hasta hace dos años. Su libro, “La gran guerra de nuestro tiempo”, relata los esfuerzos de las administraciones de Bush y de Obama por destruir a la dirigencia de Al Qaeda.
“Es la razón por la cual necesitamos preocuparnos por el resurgimiento de los talibanes -explicó Morell-, Porque, justamente como antes, los talibanes le darán a Al Qaeda un refugio seguro”.
Teorías y realidades
Un prominente funcionario cercano a Obama ofreció una perspectiva diferente. Afirma que el aumento de la actividad de Al Qaeda es el resultado de operaciones militares de Pakistán, que empujan a combatientes al otro lado de la frontera, hacia el interior de Afganistán. Al Qaeda enlista allí a sus nuevos reclutas.
En octubre, comandos estadounidenses y afganos, respaldados por bombardeos aéreos, atacaron un campo de entrenamiento de Al Qaeda en la porción sur del país. Según los expertos, era uno de los mayores que se descubrieron últimamente. La operación se desarrolló a lo largo de varios días e impactó en dos áreas de entrenamiento -una extendida a lo largo de 50 kilómetros- que incluía intrincados túneles y fortificaciones. Murieron alrededor de 200 combatientes de Al Qaeda, informaron los estadounidenses.
Se sabe que hay otras bases de Al Qaeda, incluyendo al menos una en la provincia de Helmand, aunque no hay mayores precisiones porque se volvió más difícil detectarlas tras el ataque de octubre.
Los campos atacados estaban en un área escasamente poblada de la provincia de Kandahar, a lo largo de la frontera sur de Afganistán con Pakistán. Algunas de esas instalaciones funcionaron durante un año y medio sin ser detectadas por estadounidenses o afganos o aeronaves de espionaje. “Buena parte de eso se debe a que es una región en verdad remota”, sostuvo el general John F. Campbell, el máximo comandante de Estados Unidos en Afganistán.
Durante meses, Campbell ha estado emitiendo una advertencia con respecto a Al Qaeda en el contexto mayor del complejo ambiente de amenaza en Afganistán. Informó al Congreso en octubre que las fuerzas de seguridad afganas hasta ahora han demostrado que son incapaces de erradicar a Al Qaeda por completo.
“Al Qaeda ha intentado reconstruir sus redes de apoyo y capacidades de planificación con la intención de atacar Estados Unidos e intereses occidentale enfatizó Campbell. Recalcó que es imprescindible ejercer una presión continua para impedir que Al Qaeda sumara nuevas adhesiones.
Hay nuevos actores
Los episodios de octubre provocaron dudas sobre la capacidad del ejército estadounidense para detectar y destruir los bastiones de Al Qaeda, más de 14 años después de que la invasión de Afganistán ordenada por George W. Bush expulsara a Al Qaeda y derrocara al gobierno talibán que los apoyaba.
Según Campbell, el campo atacado en Kandahar era usado por un nuevo derivado de Al Qaeda llamado Al Qaeda en el Subcontinente Indio, o AQUIS, por su sigla en inglés. Ayman al-Zawahri, el líder general de Al Qaeda, anunció la creación de esa filial en septiembre de 2014, mayormente en respuesta al ascenso de su rival, Estado Islámico. Se cree que esta ala, de la cual los analistas estadounidenses calculan que cuenta con cientos de combatientes, mantiene su base en Pakistán y se despliega por India y otros países del sur de Asia.
Un oficial de inteligencia de Estados Unidos buscó restarle importancia a la amenaza del nuevo retoño de Al Qaeda. “Es una amenaza regional que se está concentrando actualmente en tramar ataques en Pakistán y establecer una presencia en el sur de Asia. A pesar de su refugio seguro, el grupo no ha sido visto conduciendo ataques en contra de objetivos afganos u occidentales en Afganistán”, apuntó.
El surgimiento de nuevos campos de entrenamiento de Al Qaeda llega en medio de una erosión generalizada de la seguridad en buena parte de Afganistán. “En la segunda mitad de 2015 se deterioró la situación general de seguridad, con un aumento de ataques efectivos de insurgentes y mayor número de bajas del ejército regular afgano y de los talibanes”, informó el Pentágono en un reporte emitido hace dos semanas.
Campbell les dijo a legisladores que la militancia con base en Pakistán, la red Haqqani, sigue siendo un importante facilitador para Al Qaeda en Afganistán. Los dos grupos, explicó, comparten un objetivo: “expulsar a fuerzas de la coalición, derrocar al gobierno afgano y restablecer un estado extremista”.
A fin de redondear las amenazas en Afganistán, Campbell destacó que la rama de EI en el país estaba atrayendo rápidamente nuevos combatientes con su virulenta ideología extremista. “Si bien muchos yihadistas siguen viendo a Al Qaeda como el cimiento moral de la yihad global, ven a Daesh como su decisivo brazo de acción”, dijo, usando otro nombre para referirse a Estado Islámico.
Citando un comentario del presidente afgano, Ashraf Ghani, Campbell dijo: “si Al Qaeda es Windows 1.0, entonces Daesh es Windows 7.0”.